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Escribo en esta noche en la que me encuentro para dar una explicación de lo que siento.La pluma es fiel compañera y si pudiera hablar, contaría, cuántas veces lo he extrañado, cuántas veces intenté decirle las mágicas palabras que él quizá nunca quiso ni querrá escuchar de mi boca,pero quizá sí, de aquellos otros que en el pasado pudieron amarle, cuando yo todavía no existía. Me levanto del trono y bajo algunos de los peldaños,descendiendo del plano de la fantasía a la realidad.Una vez que traspaso su cristalino umbral, encuentro a una gente con prisas, un café amargo cada mañana,un despertar vacío y la invasión del mal escrito a cada
instante...¿es esto soportable?
Reinar en el espíritu, en el microcosmos que uno es y representa, no significa acumular dignidades, ni hacerse merecer por el otro,justificándose contínuamente. Significa fluír en libertad, volar para ver el mundo desde arriba, sin sobresaltos. Ocupar el mítico trono que cada uno posee para gobernar sobre sí mismo. Es muy fácil herir,fingir,ignorar...incluso mentir para atrapar y ganar afectos,pero a posteriori, su descubrimiento es todavía más doloroso y no admite perdón. El permanecer ciega durante tanto tiempo, me ha hecho divisar todo este panorama vital que me desagrada porque nos ignora y nos cosifica. De niña, me hicieron un regalo,una bola de cristal,llena de vivos colores, purpurina y agua. En su interior, había una pequeña ciudad. Cuando la agitabas,una lluvia multicolor bañaba aquella diminuta semiesfera. Lo curioso es que tenías el poder sobre aquel objeto. Podías posarlo sobre una mesa, agitarlo u observarlo, siempre era el mismo misterio,pero tú,lo hacías posible. Por un momento,llegaba a imaginar, que aquel objeto, estaba repleto de historias, de pequeños seres diminutos que podían vivir en el interior de aquellas viviendas,de niños que sonreían y jugaban a ser mayores, de cometas que volaban al viento y pájaros sobrevolando sus cielos.Entonces, quise habitar en aquel lugar e hice que aquel mundo fuese mío. Éste habitaría en mi corazón,en eterna juventud, pero a cambio me devolvieron a esta realidad y fuí echada a la existencia sin haberlo previsto o imaginado, ante unos seres que desconocía y con un corazón que sería vilmente tratada por unos humanos que lejos estaban de su misterio. Así fue como perdí el regalo de la vida, suplantada por mi imaginación.
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Larga es la noche para el que está despierto mi alma se dilata por todos mis nervios sonata,tras la clave de la expresión angélica para ver tus ojos abiertos recorrer sus sosegadas órbitas días y noches del deseo. Quiero morir para despertar en el hielo y atravesar la antesala en el placer del sueño.
Llegué a burlarme de la miseria: de mis espantos y delirios, de mentiras que ganaban juicios, separaciones que aproximaban, prisiones que gastaban limas y maldiciones inacabadas, en los dardos de Mara. Esta es mi lección nunca aprendida: Aquel que por amor no viva aprenda en la muerte a ser desdichado.
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